jueves, 31 de enero de 2019

HISTORIA A PARTIR DE UNA RIMA:




RIMA LXXVII

Dices que tienes corazón y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.







ILUSIONES ROTAS



Otro atardecer más en el que Inés estaba acompañada de un bolígrafo y un papel junto al mirador de la ciudad. Desde ahí, se podía ver las colinas verdes, la ciudad a lo lejos incluso se podía escuchar el maravilloso ruido del agua del arroyo bajando. Eran cosas que a Inés le inspiraban para escribir cartas a su amado Pablo, un amor a simple vista imposible pero que en un futuro esperaba  conseguir.


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Pablo era un gran pintor muy conocido en la ciudad no solo por la buena fama de su familia de artistas si no también por su belleza exótica. Su familia provenía de Italia y sus rasgos físicos destacaban frente a los de los demás.
A causa  de las múltiples poesías que leía Inés continuamente  de poetas que lograban estar con su amor, se creó en su corazón una pequeña chispa de esperanza.
Inés pasaba horas encerrada escribiendo cartas con todo tipo de información, describiendo lo que sentía por Pablo, las cosas que le recordaban a él, sus sueños nocturnos y las numerosas historias que su mente creaba imaginando un futuro con él. Pero estas cartas no tenían destinatario, hasta un día, el día en el que el mundo de Inés se vino abajo.



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Todo comenzó una mañana en la que Paola, la hermana pequeña de Inés, se despertó para ayudar a su padre a repartir las cartas por toda la ciudad, llego a casa después de un largo día y al volver a ver a su hermana escribiendo quiso enterarse de que eran esas cartas.
Cuando Inés salió de casa, su hermana entro a su habitación y leyó todas las cartas que Inés había escrito durante todo ese tiempo. Paola vio que el sobre no tenía dirección pero las cartas le dieron pistas de quien podía ser, la única familia en la ciudad que había estado fuera era la de los italianos, así que en un acto de buena fe la hermana pequeña fue a casa de Pablo a dejarle todas las cartas.
Las cartas fueros recibidas por la abuela de Pablo que las dejó encima de su cama para que las leyeras cuando llegara a casa. Al llegar a casa leyó las cartas pensando que serían las típicas que le mandaban de publicidad, pero cuando empezó a leerlas llamo a sus amigos y les contó de lo que trataban las cartas.


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 Sus amigos subieron esas cartas a Internet y Pablo presumía de ellas. En esas cartas no aparecía quien las había escrito pero Inés nada más verlas reconoció que esas eran las suyas, no sabía cómo habían llegado a él, pero a estas alturas no le preocupaba. Estaba destrozada, en esas cartas estaban sus sentimientos más sinceros y Pablo no solo se rió de ellos si no que hizo que todo el mundo se burlara de sus cartas.



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